Harry Potter y el Legado maldito

Nueve años después, Harry volvió a nuestras manos. El guión de la esperada obra de teatro, Harry Potter y el Legado Maldito, por fin salió a la venta el pasado 31 de julio, cumpleaños tanto de JK Rowling como del propio Harry.

Y aunque en México la preciosa edición en pasta dura todavía no es una realidad, gracias al cielo existen las versiones electrónicas… y las personas que las suben gratis a la red, para las pobres almas de carteras vacías como yo. ¡No me miren mal! Desde Harry Potter y la Orden del Fénix, el quinto libro de la saga, acostumbré a pasar la noche de la publicación de cada nueva entrega en vela y disfrutar de las generosas traducciones realizadas por fans, para después leer tranquilamente mi edición debidamente comprada.

Sin embargo, creo que esta vez no será así. No sólo es que la vida sea muy corta para leer malos libros, es que también el improvisado librero ya no tiene espacio para los decepcionantes.

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Lunática

 

Como en un sueño, una luna lobezna se pasea en el filo de la cama de una niña y de un lengüetazo, la convierte en una niña-loba. A partir de ese momento, cada acción que realiza tiene el signo de la licantropía. Pero no es la licantropía mítica, temible y sangrienta, sino una de líneas suaves, de alfombras-pradera y bicicletas que quieren alcanzar la luna. Y sangre que no presagia ni dolor ni luto, sino que se escurre ante el asombro de la niña-loba.

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“¡Es que las mujeres también…!”

Hace un par de días cierta página feminista a la que sigo compartía la escalera de violencia en las relaciones de pareja. Ésta estaba dirigida a ambos géneros, pero enfocada en la violencia ejercida sobre la mujer. Creo que para muchos podría resultar evidente que esta gráfica busca concientizar a las mujeres violentadas a la vez que propone un ejercicio de reflexión sobre la vida romántica monógama y la manera en que influye en nuestra autonomía y autoestima como mujeres, pero también sobre cómo los hombres conciben la dinámica afectiva de las relaciones heterosexuales.

Lamentablemente, para otros tantos el ejercicio de reflexión no es tan evidente…

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Todas somos Filomela

I

Tereo observa a Filomela y una  pasión incontrolable lo ahoga. Puede que a su lado esté su esposa, Procne, hermana de la primera, pero aun así no puede evitarlo. La historia dice que Tereo ha caído perdidamente enamorado de Filomela y ni siquiera la partida a su reino, junto con su mujer, ni el nacimiento de su hijo pueden menguar el intenso sentimiento que Filomela —cuyo nombre significa“la que ama el canto”—  despierta en él.

La melancolía de Procne por la voz de su hermana es la excusa. “Oh, rey mío, ve a buscar a mi hermana Filomela, siento nostalgia por su música. No puedo vivir sin escuchar la voz de sus ojos”, nos cuenta Serge Pey que Procne rogó. Tereo obedece y parte en busca de Filomela.

Pandión, rey de Atenas y padre de nuestras protagonistas, teme en cuanto escucha la petición de Tereo, pero Filomela, deseosa de ver a su hermana de nuevo, lo convence de aceptar su partida. Y es aquí donde la historia se pone negra.

Tereo le clama su amor a Filomela durante el viaje. Ésta, virtuosa y leal, lo rechaza cada vez hasta que la pasión incontrolable de Tereo lo transforma de un desesperado enamorado a agresor. La encierra en una cabaña y la viola. No conforme, le arranca también la lengua y la encadena.

Tereo sale de la cabaña dejando tras de sí una mujer mutilada, una mujer traicionada, una mujer asesinada.

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Las mujeres, que leen, son peligrosas

las mujeres que leen

Libro objeto o historia velada. Uno no sabe a qué se atiene cuando hojea por primera vez Las mujeres, que leen, son peligrosas, del alemán Stefan Bollman. Libro-objeto porque sus páginas devienen en colección privada o ala de museo con una temática que abraza a todas las técnicas, estilos y tiempos: la representación pictórica de las mujeres que leen. Historia velada porque Bollman no deja al lector solo ante la pintura. Él también da pincelazos, pero de historia, de contexto y de simbolismos.

Sin embargo, deja para el lector la incógnita: ¿por qué las mujeres que leen son peligrosas? Aquí es donde Bollman juega: un título atrevido, apenas unos trozos de historia aquí y allá y más de 100 páginas de miradas femeninas y libros ante ellas. Miradas santas, pías, retadoras, pérdidas o directamente ocultas.

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